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06 de abril de 2008
La vivienda es
también un bien
escaso
D. F. Maza Zavala
La
inflación no sólo
afecta a los bienes
y servicios de
consumo diario, sino
también a ciertos
bienes durables que
pueden calificarse
como inversión, en
virtud de que
generan servicios
para sus
propietarios o
usuarios. Entre
estos bienes que
están en una
situación intermedia
entre inversión y
consumo hay que
considerar
destacadamente la
vivienda. El mercado
inmobiliario urbano
registra alzas
pronunciadas de
precios, así como de
alquileres, en razón
de varios factores:
i) la población
crece, se forman
nuevas familias y la
concentración en
ciudades es un
fenómeno de la vida
moderna; ii) en los
últimos años los
ingresos familiares
han mejorado por el
aumento de los
salarios y sueldos,
becas y pensiones;
iii) existe un
déficit de viviendas
estimado en dos
millones de
unidades, en parte
porque no se
construyen nuevas
viviendas al ritmo
necesario y en parte
porque muchas
viviendas son
afectadas por
siniestros
naturales; también
hay que mencionar
que centenares de
miles de viviendas
son ranchos
inseguros,
precarios, de escasa
higiene, carentes de
los servicios más
elementales; en todo
caso, el problema de
la vivienda es uno
de los más graves
del país, tanto como
el de
desabastecimiento de
alimentos y la
carestía de
medicamentos.
Los gobiernos,
inclusive el
presente, siempre
han prometido
construir cada año
no menos de 100 mil
viviendas y ninguno
ha cumplido, cuando
más construyen 50 o
60 mil unidades. El
sector privado
podría construir más
viviendas, pero se
requieren
condiciones
favorables para
ello. El problema no
es de la clase media
o alta, sino de la
pequeña clase media
y de las de menores
ingresos, es decir,
tiene un carácter
social. Un acuerdo
entre el Gobierno y
los empresarios
privados de la
construcción
residencial sería
oportuno y
conveniente para
enfrentar con éxito
este problema. El
Gobierno no sólo es
ineficiente en ésta
como en otras
funciones
administrativas,
sino que el modo
como procura
realizar los
proyectos se presta
a manejos
irregulares. No creo
que hagan falta
recursos para ello,
sino buena gerencia
y voluntad real.
Recientemente se
celebró la XI
Convención Nacional
de la Vivienda y el
Hábitat, en la cual
abundaron los
diagnósticos y las
alternativas de
solución. Se llegó
inclusive a examinar
la posibilidad de
construir más de 100
mil viviendas al año
y aun resolver el
problema en diez
años. Ojalá que ello
resulte en hechos;
este país necesita
hechos, no promesas
ni buenas
intenciones.