MAYE ALBORNOZ
EL UNIVERSAL
Pocos
asuntos son capaces de robar tanto
el sueño como la incertidumbre de si
se contará con techo al día
siguiente o no, en eso coinciden
quienes no cuentan con vivienda
propia.
Según
números de la Cámara Inmobiliaria
Metropolitana, 80% de los
venezolanos conoce de cerca esta
zozobra. Y es que la regulación
fijada a los alquileres desde mayo
del año 2003 ha impactado en el
mercado de alquileres y cada vez son
menos las viviendas destinadas a la
renta. Según Francisco Neri,
presidente de la Cámara, al momento
de establecerse la normativa, de
cada 100 inmuebles, 30 eran para
arrendar y el resto para vender.
Hoy,
la proporción se ha reducido a 8
viviendas para alquilar de cada 100.
"Con la debilidad jurídica que hay
en el país ya nadie quiere alquilar.
Los inmuebles del año 1987 hacia
abajo están sujetos a seguir
rentándose por lo mismo de hace
cinco años, así que terminan
generando pérdidas a sus dueños.
Luego está el miedo de los
arrendatarios de perder su propiedad
al no poder desalojar a los
inquilinos".
La
situación ha degenerado en un
escenario perverso en el que los
inquilinos se someten a casi
cualquier situación para obtener una
vivienda y quienes alquilan, por su
parte, echan a andar su imaginación
por temor a perder su propiedad.
Lo
dirá Grecia Santos, quien, como
condición para obtener un alquiler,
tuvo que firmar una demanda de
desalojo en contra de sí misma: "El
documento dice que yo había vivido
en ese apartamento antes y le dejé
de pagar 4 meses. Luego otra
cláusula establecía que yo podía
vivir allí dos años más en los que
me comprometería a cancelar mi
supuesta deuda". Así, el propietario
del inmueble se aseguraba de
aumentar la renta y disponer de su
bien cuando quisiera.
Mientras, Zoralis Rojas se siente
afortunada por pagar 1.200 BsF de
renta en los Altos Mirandinos, aún
cuando su contrato exhiba algunas
irregularidades, como la obligación
de cancelar un año completo de
alquiler si decidiera irse.
A Juan
Pablo Ferrer, de Century21, no le
sorprende. En su experiencia
inmobiliaria ha visto casi todo: "La
gente es capaz de someterse a estas
irregularidades por desesperación, y
por no estar asesorados. Nuestra
recomendación es que no caigan en
estos juegos, pues pese a las
limitaciones en la oferta de
alquileres, siempre se puede
negociar con el propietario".
Según
Ferrer, en su oficina las llamadas
de personas solicitando alquileres
no cesan. De la decena de
solicitudes que reciben al día,
cinco son de familias que buscan
rentar: "Nosotros tratamos de
conseguirles opciones que se ajusten
a sus necesidades y que los
propietarios cobren lo justo".
Entre
las zonas más buscadas se encuentra
el casco central, Candelaria, Chacao
y Los Dos Caminos. El agente explicó
que la facilidad de transporte priva
entre las demandas, por lo que las
propiedades que se ubican sobre el
eje del Metro de Caracas tienen la
delantera en los avalúos.
En los
clasificados, entre las ofertas se
encuentran traspasos que ofrecen a
los interesados cancelar montos de
hasta 100 mil BsF a cambio de
obtener contratos de alquiler por
cifras tan modestas como 100 BsF.
Según
Cora Farías, abogada especializada
en el sector, la figura es ilegal y
está sancionada por la actual Ley de
Arrendamientos. Caso contrario
ocurre con los alquileres de
habitaciones para familias enteras
en pequeños hoteles o pensiones,
pues ellos están regulados por
regímenes especiales: "Quienes
negocien en estas condiciones tienen
que saber que es a su riesgo, pues
no hay normativa que los proteja".
Y así,
a la deriva, quedó Ana Avellaneda
cuando en un hotel de Mirador a San
Felipe en el centro de Caracas,
contrajo una infección en la espalda
producto de las alimañas alojadas en
el colchón que le asignaron. Ana, de
71 años, vive con su hija y esposo
con quienes ha recorrido ya tres
pensiones en lo que va de año. Hoy,
entre cajas y tobos de agua, se
acomoda con su familia en un cuarto
de otro hotel sin ventanas, también
en el centro de la ciudad: "No hay
nada que yo no haya visto ya. Aquí
pago BsF 1.500 al mes por este
huequito en el que me ponen el agua
20 minutos al día, pero por lo menos
no me piden depósito".
Leonardo Veláquez coincide. Con 24
años perdió la cuenta de las veces
que se ha mudado con su mamá, a
quien mantiene. Para él, resulta
imposible rentar inmuebles distintos
a espacios en pensiones, pues le es
imposible costear los depósitos:
"Antes ganaba sueldo mínimo y eso
mismo me cobraban por la habitación,
si no me salían tigres ese mes, no
comía. Ahora encontré algo más
económico y sobrevivo".
Según
las personas consultadas, los
caraqueños se mudan unas doce veces
a lo largo de su vida. Con lo
desagradable que para ellos resulta,
pues, como refiere Héctor Sánchez
(otro inquilino) "no hay lo que no
se rompa o pierda en una mudanza".
Mientras, el Ejecutivo continúa
extendiendo la regulación de los
alquileres, aún cuando los
arrendamientos de vivienda están
declarados como un servicio de
primera necesidad.
malbornoz@eluniversal.com